Dawno mówią: gdzie Bóg, tam zgoda. Orzechowski

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central, y, por tanto, lo que llama interior y lo que llama exterior forman en realidad un
campo continuo. Descubre que hay una unidad funcional, un solo campo de conciencia,
diríamos que es un solo campo de conciencia en el que funciona el foco de conciencia
individual del sujeto, enfocando de un modo preferente una sección, una zona, aquella
que gira alrededor de un vórtice de conciencia del sujeto, pero sin que exista una
separación real; se trata tan sólo de una separación funcional.
Este concepto, esta experiencia de que todo es uno, lo de dentro y lo de fuera, es
importante, porque nos da unos criterios importantes. El primero es que es imposible
pretender que dentro de lo que yo llamo mi personalidad rija una ley distinta de la que
rige para el exterior. Puesto que todo es un solo campo, habrá siempre una tendencia a
igualar lo que funciona dentro y lo que funciona fuera, y esa tendencia es automática.
Ahora bien; como el foco de conciencia puede funcionar a unos niveles más bajos: vital,
afectivo, intelectual, o a niveles más altos: conciencia intuitiva, conciencia del amor
espiritual, etc., a medida que la persona, el foco individual, va situándose más arriba,
esto va produciendo una modificación del funcionamiento en el mundo exterior. O sea
al modificar su mundo interior se produce una respuesta automática del mundo exterior,
y, cuando digo exterior, quiero decir el mundo de las personas con las cuales la persona
entra en contacto y el mundo de las circunstancias que unen a las personas. Así, pues,
cada vez que se produce un desplazamiento de conciencia hacia arriba, esto se traduce
en un desplazamiento en el nivel existencial, en el modo de vivir, en las personas con
las que contacta y en la modalidad de circunstancias y hechos que le ocurren a la
persona. Y todo lo que parecía inverosímil cuando la persona estaba viviendo
egocentrada en un nivel elemental, se convierte en la ley normal cotidiana cuando se
funciona a un nivel elevado.
Decíamos que esto no es otra cosa que la expresión perfecta de aquella norma que
encontramos en el Evangelio de amar al prójimo como a uno mismo. Amar al prójimo
como a uno mismo significa que, para mí, el otro tenga la misma realidad, la misma
importancia, el mismo valor que yo tengo para mí. Cuando consigo vivir lo otro con la
misma importancia y valor con que me vivo a mí, entonces esto trasciende la
identificación que hay con el yo personal y produce una conciencia trascendente que
incluye al yo y al no-yo en una sola área de conciencia. Entonces la persona se da
cuenta de que, por un lado, nunca puede culpar a nadie ni a nada por las circunstancias
de la conducta de las personas respecto a uno mismo; es uno mismo quien está
seleccionando las personas y las circunstancias, y esta selección viene dada por su
vibración interior, por su nivel habitual de estado de conciencia. En segundo lugar, esto
demuestra a la persona de un modo claro que, cuando quiera actuar en el exterior, nunca
deberá hacerlo a través de su periferia, a través de un hablar, de un querer modificar los
hechos. Antes bien, descubrirá que el modo de acción posible sólo será como extensión
o irradiación de su estado interior. Donde más directamente afecta ese estado interior es
precisamente en el interior de las otras personas. Por lo tanto, cuando quiera modificar,
ayudar, comunicar, a un nivel auténtico, con las otras personas, nunca tratará de hacerlo
sólo a través de razones, de palabras, sino fundamentalmente en forma de un contacto
interno. Es modificando lo interno que lo externo seguirá; lo externo es el efecto, el
producto; lo interno es la causa. Y es actuando a niveles de las causas cuando se puede
modificar de un modo efectivo y rápido las personas y las circunstancias.
Así, pues, cuando queremos ayudar a una persona, no es tanto una cuestión de decirle
lo que ha de hacer o lo que ha de pensar, sino más bien tratar de compartir con ella, ser
una con ella desde nuestro centro. Entonces, cuando yo soy capaz de hacer esto, no
intento cambiar a la persona; lo que pretendo es que la persona sea más ella misma, que
la persona viva más su autenticidad, que pueda sacar al exterior, actualizar esas
potencialidades que tiene en su interior. Ayudaré a una persona en la medida en que yo
la motive para su propia realización; no cuando escoja la conducta que yo creo que es la
correcta, no cuando pretenda que se sujete a unas normas determinadas, no cuando haga
lo que yo quiero, sino cuando siga su camino, su auténtico camino, aquel que la
conduce a ella misma, a su centro.
Decíamos también que cuando nuestro interior es contradictorio, esto se traduce en
una respuesta contradictoria del ambiente hacia mí; que cuando yo quiera cambiar mis
circunstancias no he de luchar contra ellas, ya que las circunstancias son un reflejo de
mi modo interno de ser y de estar; lo que he de hacer es modificar mi nivel de [ Pobierz całość w formacie PDF ]

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