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Verdad misma. El juramento, cuando es veraz y legítimo, pone de relieve la relación de la palabra
humana con la verdad de Dios. El falso juramento invoca a Dios como testigo de una mentira.
2152. Es perjuro quien, bajo juramento, hace una promesa que no tiene intención de cumplir, o que,
después de haber prometido bajo juramento, no la mantiene. El perjurio constituye una grave falta de
respeto hacia el Señor que es dueño de toda palabra. Comprometerse mediante juramento a hacer una
obra mala es contrario a la santidad del Nombre divino.
2153. Jesús expuso el segundo mandamiento en el Sermón de la Montaña: "Habéis oído que se dijo a
los antepasados: 'no perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos'. Pues yo os digo que no
juréis en modo alguno... sea vuestro lenguaje: 'sí, sí'; 'no, no': que lo que pasa de aquí viene del
Maligno" (Mt 5, 33-34.37; cf St 5, 12). Jesús enseña que todo juramento implica una referencia a Dios
y que la presencia de Dios y de su verdad debe ser honrada en toda palabra. La discreción del recurso a
Dios al hablar va unida a la atención respetuosa a su presencia, reconocida o menospreciada en cada
una de nuestras afirmaciones.
2154. Siguiendo a San Pablo (cf 2 Co 1, 23; Ga 1, 20), la tradición de la Iglesia ha comprendido las
palabras de Jesús en el sentido de que no se oponen al juramento cuando éste se hace por una causa
grave y justa (por ejemplo, ante el tribunal). "El juramento, es decir, la invocación del Nombre de Dios
como testigo de la verdad, sólo puede prestarse con verdad, con sensatez y con justicia" (CIC can.
1199, 1).
2155. La santidad del nombre divino exige no recurrir a él por motivos fútiles, y no prestar juramento
en circunstancias que pudieran hacerlo interpretar como una aprobación de una autoridad que lo
exigiese injustamente. Cuando el juramento es exigido por autoridades civiles ilegítimas, puede ser
rehusado. Debe serlo, cuando es impuesto con fines contrarios a la dignidad de las personas o a la
comunión de la Iglesia.
III. EL NOMBRE CRISTIANO
2156. El sacramento del Bautismo es conferido "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo" (Mt 28, 19). En el bautismo, el nombre del Señor santifica al hombre, y el cristiano recibe su
nombre en la Iglesia. Puede ser el nombre de un santo, es decir, de un discípulo que vivió una vida de
fidelidad ejemplar a su Señor. Al ser puesto bajo el patrocinio de un santo, se ofrece al cristiano un
modelo de caridad y se le asegura su intercesión. El "nombre de bautismo" puede expresar también un
misterio cristiano o una virtud cristiana. "Procuren los padres, los padrinos y el párroco que no se
imponga un nombre ajeno al sentir cristiano" (CIC can. 855).
2157. El cristiano comienza su jornada, sus oraciones y sus acciones con la señal de la cruz, "en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén". El bautizado consagra la jornada a la gloria
de Dios e invoca la gracia del Señor que le permite actuar en el Espíritu como hijo del Padre. La señal
de la cruz nos fortalece en las tentaciones y en las dificultades.
2158. Dios llama a cada uno por su nombre (cf Is 43, 1; Jn 10, 3). El nombre de todo hombre es
sagrado. El nombre es la imagen de la persona. Exige respeto en señal de la dignidad del que lo lleva.
2159. El nombre recibido es un nombre de eternidad. En el reino de Dios, el carácter misterioso y
único de cada persona marcada con el nombre de Dios brillará a plena luz. "Al vencedor... le daré una
piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita, un nombre nuevo que nadie conoce, sino el que lo recibe"
(Ap 2, 17). "Miré entonces y había un Cordero, que estaba en pie sobre el monte Sión, y con él ciento
cuarenta y cuatro mil, que llevaban escrito en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre"
(Ap 14, 1).
RESUMEN
2160. "Señor, Dios Nuestro, ¡qué admirable es tu nombre por toda la tierra!" (Sal 8, 2).
2161. El segundo mandamiento prescribe respetar el nombre del Señor. El nombre del Señor es santo.
2162. El segundo mandamiento prohíbe todo uso inconveniente del nombre de Dios. La blasfemia
consiste en usar de una manera injuriosa el nombre de Dios, de Jesucristo, de la Virgen María y de
los santos.
2163. El juramento en falso invoca a Dios como testigo de una mentira. El perjurio es una falta grave
contra el Señor, que es siempre fiel a sus promesas.
2164. "No jurar ni por Criador ni por criatura, si no fuere con verdad, necesidad y reverencia" (S.
Ignacio de Loyola, ex. spir. 38).
2165. En el Bautismo, la Iglesia da un nombre al cristiano. Los padres, los padrinos y el párroco
deben procurar que se dé un nombre cristiano al que es bautizado. El patrocinio de un santo ofrece un
modelo de caridad y asegura su intercesión.
2166. El cristiano comienza sus oraciones y sus acciones haciendo la señal de la cruz "en el nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén".
2167. Dios llama a cada uno por su nombre (cf Is 43, 1).
Artículo 3.- EL TERCER MANDAMIENTO
"Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día
séptimo es día de descanso para el Señor, tu Dios. No harás ningún trabajo" (Ex 20, 8-10; cf Dt 5, 12-
15).
"El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del
hombre también es Señor del sábado" (Mc 2, 27-28).
I. EL DIA DEL SABADO
2168. El tercer mandamiento del Decálogo proclama la santidad del sábado: "El día séptimo será día
de descanso completo, consagrado al Señor" (Ex 31, 15).
2169. La Escritura hace a este propósito memoria de la creación: "Pues en seis días hizo el Señor el
cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor el día
del sábado y lo hizo sagrado" (Ex 20, 11).
2170. La Escritura ve también en el día del Señor un memorial de la liberación de Israel de la
esclavitud de Egipto: "Acuérdate de que fuiste esclavo en el país de Egipto y de que el Señor tu Dios te
sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso el Señor tu Dios te ha mandado guardar el día del
sábado" (Dt 5, 15).
2171. Dios confió a Israel el sábado para que lo guardara como signo de la alianza inquebrantable (cf
Ex 31, 16). El sábado es para el Señor, santamente reservado a la alabanza de Dios, de su obra de
creación y de sus acciones salvíficas en favor de Israel.
2172. La acción de Dios es el modelo de la acción humana. Si Dios "tomó respiro" el día séptimo (Ex
31, 17), también el hombre debe "descansar" y hacer que los demás, sobre todo los pobres, "recobren
aliento" (Ex 23, 12). El sábado interrumpe los trabajos cotidianos y concede un respiro. Es un día de
protesta contra las servidumbres del trabajo y el culto al dinero (cf Ne 13, 15-22; 2 Cro 36, 21).
2173. El Evangelio relata numerosos incidentes en que Jesús fue acusado de quebrantar la ley del
sábado. Pero Jesús nunca falta a la santidad de este día (cf Mc 1, 21; Jn 9, 16), sino que con autoridad
da la interpretación auténtica de esta ley: "El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre
para el sábado" (Mc 2, 27). Con compasión, Cristo proclama que "es lícito en sábado hacer el bien en
vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla" (Mc 3, 4). El sábado es el día del Señor de las
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Jak gore, to już nie trza dmuchać. Prymus
De nihilo nihil fit - z niczego nic nie powstaje.
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